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¿ES
LA PROSTITUCIÓN UN TRABAJO SEXUAL?
Trabajar como prostituta está considerado como una
inmoralidad a nivel público; es una actividad no reconocida y no cubierta por
la ley. No es una ofensa, no es un crimen, no es legal, no es ilegal.... Podría
pasarme horas escribiendo lo que no es la prostitución, pero ¿qué es?; en el
fondo, siempre hay un pequeño trastero donde esconder todo tipo de
definiciones, definiciones que hay que sacar a la luz. Así que allá vamos: la
mayoría de la población emplea el término de prostituta para referirse a las
mujeres que ofrecen sus servicios sexuales a cambio de una compensación económica;
pero claro, también está la palabra puta para aquellos que no acostumbran a
usar eufemismos y, como no, están las trabajadoras sexuales para aquellas que
luchan porque la prostitución sea considerada como un trabajo y reconocido por
ley.
Llegados a este punto, me gustaría saber que
palabra debo usar para no ofender los ojos de ningún lector, pero como eso no
es posible usaré los términos a mi antojo. Debo aclarar que normalmente uso
indistintamente la primera y tercera acepción no cayendo nunca en la segunda;
quizás porque la palabra puta la tengo demasiado asociada al típico insulto
adolescente que sale de boca de chicos rechazados o de chicas envidiosas.
La prostituta realmente es la persona que da un
servicio sexual a cambio de dinero.
La trabajadora sexual es la persona que trabaja en
la industria sexual ofreciendo sexo por internet, por teléfono (call-girl o
call-boy), ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero...
¿Habéis encontrado alguna diferencia entre las dos
frases anteriores? Vamos, tic-tac, tic-tac, que el tiempo corre...
Muy bien, sí que hay alguna. ¿Y por qué? Porque
realmente no son lo mismo. Existe un pequeño matiz, o más bien dos que las
hace diferentes: el trabajo sexual abarca más actividades y la trabajadora
sexual desea ser reconocida como trabajadora legalmente, con sus deberes y
derechos, con su seguridad social, con su protección laboral, dejar de ser
estigmatizada por ejercer la profesión más antigua del mundo (que raro poner
esta frase cuando se habla de prostitución, ¿eh?), dejar de esconderse entre
la vergüenza pública..... En cambio, la prostituta es aquella mujer, que por
las circunstancias de su vida, elige dedicarse a la prostitución pero sin ningún
afán de ser reconocida legalmente, sino que más bien prefiere pasar
desapercibida y en el anonimato en lo que se refiere a su familia, pareja...
En España en estos momentos no somos ni blancos ni
negros, yo diría que más bien nos movemos en una gama de hipócritas grises.
La prostitución, repito, no es ilegal, no vas a la cárcel, ni te multan por
ejercerla; pero tampoco es legal, no está reconocida por ley, por lo que no
gozas de derechos. La gris situación consiste en permitir su ejercicio mientras
no se vea mucho; con lo que la preocupación social y política no va dirigida
hacia estas mujeres, sino hacia la vecindad que protesta por ruidos, a las
madres que no desean que sus hijos vean ese espectáculo...
Bajo mi opinión, que no deja de ser carente de
objetividad, que se apruebe la prostitución por ley da beneficios y perjuicios;
me voy a limitar a los perjuicios que es lo que más me preocupa. Cuando hablas
con una mujer que se dedica a la prostitución de su boca salen frases como
“no me queda más remedio que trabajar de esto. Vine a España buscando
trabajo, gracias a las ayudas de mi familia. No puedo defraudarles, tengo que
mandar dinero todos los meses. Piensan que tengo un trabajo honrado, si se
enteraran de cuál es mi trabajo les daría un gran disgusto”. Frases así
salen de miles de bocas diariamente; lógicamente, parte de su aliento lo gastan
en ocultar su fuente de ingresos, con lo que la legalización les perjudicaría.
Lo mismo sucede con las mujeres con pareja en el caso que su pareja no esté al
tanto de su trabajo.
Para muchas, es sólo una etapa mala de su vida, que
tienen que pasar y, una vez pasada, no desean acordarse de ella; no desean ser
reconocidas como trabajadoras sexuales. ¿Os imagináis que la prostitución
llegue a dignificarse tanto como para que un chico pueda presentar a su novia
trabajadora sexual ante sus padres? Soñar es gratis...
En cambio, que se penalice conlleva más desastre
que cosa buena, sino véanse modelos tales como el que nos muestra Suecia. ¿De
verdad pensamos que por prohibir la prostitución ayudamos a las mujeres? ¿Debemos
penalizar a los hombres –clientes- para acabar con ella?; estoy un poco harta
ya de acudir a jornadas feministas donde la prostitución es vista como una
forma más de violencia de género, como un maltrato del hombre hacia la mujer;
penalizan al hombre que ejerce de cliente afirmando que con ello ayudan a las
mujeres; van contra la prostitución no contra las prostitutas dicen. ¿Cómo es
esto posible?
¿Cómo se puede afirmar con rotundidad que la
prostitución es una forma de esclavitud? Lo siento pero no me entra en la
cabeza; no me gusta ser demasiado hiriente en mis palabras, ni en mi forma de
expresión, pero quizás pueda ser mayor esclavitud el prohibir o multar a una
mujer por ofrecer servicios sexuales a cambio de dinero que el mero hecho de
hacerlo. ¿Qué pasa con las mujeres que lo hacen porque sí, porque les
apetece? ¿Creéis que no las hay? Desearía un feed-back pero como no es
posible, me la pido, respondo yo. Existen mujeres (aunque no sea una alta
representación) que ejercen la prostitución porque les apetece, que tuvieron
otras oportunidades y eligieron esta entre un abanico más amplio. No se puede
vetar a esas mujeres, no se puede globalizar la etiología que lleva a una
persona a prostituirse, son tan variadas las causas, no es justo, lo primero,
para ellas. No pretendo caer en demagogia (aunque me temo que ya es tarde), pero
considero que no se puede vender una postura sin preguntar a los propios
interesados, no se puede “invisibilizar” la voz de esas mujeres.
Me hace mucha gracia oir que la prostitución es la
organización de la esclavitud de la mujer al servicio del hombre ¿No hay
hombres que se dedican a la prostitución? ¿Por qué se cierran los ojos ante
esta realidad? A las mujeres feministas que usan estas razones para prohibir la
prostitución parece no importarles esa otra realidad.
Confieso conocer mujeres feministas que no apoyan la
teoría del abolicionismo en este campo, gracias a Dios (por dar gracias a
alguien); sería un grave error confundir a una mujer víctima de violencia de género
con una mujer que ejerce la prostitución; no existe paralelismo, o no tiene
porqué existir.
Llegados a este punto deseo dejar bien patente, de
un modo sólido, que aunque me limite a la prostitución femenina no olvido por
ello la masculina y la transexual, ni mucho menos la infantil. Me limito a la
femenina por ser la más extendida, por ser la más conocida, la más visible...
porque son las mujeres las que más luchan porque sea un trabajo sexual (las que
lo desean, incido), mientras que pocos hombres lo reconocen de modo tan abierto.
Sin embargo, animo a los lectores a que husmeen en la prostitución masculina y
descubrirán ideas nuevas, a la vez que sorprendentes. A propósito de ello tenéis
la página de la ENMP (red europea formada por trabajadores sexuales masculinos
y por asociaciones que trabajan con ellos) o la Fundación Triángulo como
referencias de alta relevancia. De la prostitución exclusiva de transexuales
poco hay al respecto, pero es un tema en el que empiezo a profundizar y apasiona
(ya os contaré cuando saque mis propias conclusiones...).
En cuanto a la prostitución infantil, más bien
llamada explotación puesto que la prostitución conlleva una mayor o menor
elección y una transacción económica, en cambio la prostitución infantil está
más ligada a la explotación y obligación que a la elección, y los menores en
ocasiones no perciben ni un céntimo de la citada transacción. Recomiendo leer
a Félix López, puesto que ha sacado un artículo en esta dirección bastante
sencillo e ilustrativo.
Avanzando con el hilo conductor del tema, pues hay
que centrarse en algo, la situación actual de la prostitución es tal que el
contrato que se establece entre la prostituta y el cliente no tiene ninguna
validez; es decir, la mujer no tendrá ningún derecho a reclamar el dinero por
el servicio una vez finalizado; no será posible hacer una reclamación
judicial, el cliente no será penalizado por ello; por otro lado, nadie podrá
forzar a la mujer a trabajar si el cliente le ha pagado antes de obtener un
servicio a cambio; en este caso será él el engañado o estafado, el invalido
ante la ley, pues no existe al respecto.
Algo que me hace mucha gracia es la cantidad de
agujeros que la legislación estatal posee al respecto. Es exagerado, y no sólo
en este tema sino también en muchos otros. Dejan cosas tan importantes al
descubierto que muchas de sus interpretaciones no favorecen a nadie. En fin...,
dejémoslo.
Cambiando de tercio, no sé muy bien qué secciones
suele leer la gente en los periódicos, yo desde luego no me pierdo la sección
“contactos”, aconsejo su lectura desgranada, no por el mero morbo; os diría
que jugaseis a diferenciar los anuncios en varias temáticas, que descubráis la
enorme variedad de servicios que se ofertan, que juzguéis el prototipo de
belleza externa que se lleva en esos momentos (pechos grandes, belleza
oriental...)... No sé si os lo creeréis, pero parece mentira el juego que te
dan esos anuncios por palabras tan chiquitinos y cargados de información al
mismo tiempo. Por cierto, no tengáis pudor de que un cotilla os pueda ver en
una cafetería mientras los ojeáis; bueno, yo no soy nadie para deciros que no
tengáis vergüenza, yo no la tendría; puede ser un material tan educativo como
cualquier otro.
No sé si os he podido aclarar algo o no, lo cierto
es que ni yo misma tengo nada claro; excepto una idea:
no podemos perpetuar los estereotipos que se han creado en torno a este
tema; no se trata de ser abolicionista o no, no es una cuestión de ver en que
campo de batalla estás, ni de usar el término prostitución o trabajo sexual,
se trata de que estamos hablando de personas con voz y voto, así que hagamos un
esfuerzo por oírlas más y por dejar de actuar menos por ellas (sin su petición).
Para acabar, quiero plasmar un párrafo empleado en
varias ocasiones por Hetaira (colectivo integrado por mujeres feministas que
luchan por dignificar el ejercicio de la prostitución) con el que me identifico
en su totalidad:
“A
veces las ideas son como esos zapatos viejos que nos resistimos a tirar porque
resultan comodísimos. O como ese sillón en el que dormimos la siesta desde
hace veinte años y del que no estamos dispuestos a desprendernos de ninguna
manera. Hay ideas que de tanto usarlas han adquirido ya la forma de nuestro
cuerpo, que se acoplan a nuestras necesidades como un útero. Dentro de ellas no
nos puede pasar nada, y por eso las defendemos a muerte. Lo malo es que, en la
misma medida que nos protegen del entorno hostil, nos limitan. Por ello, hay que
tener el valor de cambiar de zapatos, de desprenderse del sillón, de poner en
cuestión las opiniones que utilizamos como un dogma de fe para protegernos de
la incertidumbre”. De Juan José Millás.
Por cierto, no penséis que soy una maleducada por
no presentarme. Soy una chica de Oviedo con mil y una inquietudes, pero en estos
momentos creo que es el mundo de la prostitución lo que más ocupa mi cabeza.
Gracias por leerme.
Vanessa
Novoa Ordóñez, Sexóloga, Oviedo.
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