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Relaciones
sexuales: La integración pendiente
Articulo
recogido en la publicación “DISCAPACIDAD Y VIDA SEXUAL”(actas de las
Jornadas “LA EROTICA DEL ENCUENTRO” celebradas en Avilés) y editado por
COCEMFE-ASTURIAS, en noviembre 2003.
Las
relaciones de pareja son muy complicadas en cualquier circunstancia, eso es
evidente. No nos hace falta hablar a nivel personal, ni siquiera a nivel
profesional, donde a lo largo del año vemos a un montón de parejas de todo
tipo intentar resolver sus problemas y seguir siendo pareja. Independientemente
de su formación, posición social, estado físico, trabajo o aficiones, todas
las parejas necesitan de una gran implicación para salir adelante y ese
esfuerzo debe ser mutuo y compensar, si no, no merece la pena
y pocas cosas hay más tristes que estar con alguien con quien realmente
no queremos estar.
Siguiendo
con las obviedades podemos añadir que en una relación de pareja tenemos,
siempre, a dos personas. Cada una de ellas tiene su forma de ser, su
personalidad, sus gustos, manías, complicaciones, etc. Además, cada una de
ellas viene de un pasado determinado, tiene un presente determinado y espera
conseguir o vivir un futuro determinado. Todo esto hay que ponerlo encima de la
mesa y compartirlo con la otra persona con lo que, de pronto, te ves mezclado en
2 entornos familiares, de amistad, laborales, etc. No sólo debes manejarte con
tus cosas y tu familia o las amistades, sino que ahora debes aprender, lo más
pronto posible, a convivir con personas que van a ser tus nuevas amistades y
casi tu familia. En circunstancias normales tenemos décadas para aprender a
convivir con ese entorno, Con el entorno nuevo no tienes tanto tiempo, semanas o
meses como mucho, y eso con suerte.
Decir
que las personas con discapacidad tienen problemas en sus relaciones de pareja
sería seguir con las obviedades y seguir sin aportar nada. También sabemos que
a la dificultad ya evidente para mantener una relación estable se une unas
mayores o menores dificultades físicas, que parece que entorpecen la relación
e incluso que la imposibilitan, me dirían algunos. Lo que tenemos claro es que
el problema tiene 3 partes obvias: nosotros, nuestra pareja y, sobre todo,
nuestro entorno.
El
entorno muchas veces pone mucho más obstáculos que los que soluciona y hablo
del entorno cercano, no solo de los problemas de accesibilidad de cualquier
ciudad que se “precie”. El entorno muchas veces nos obliga, nos
imposibilita, nos complica, y lo que es peor, generalmente, velando por
nosotros, tratando de ayudarnos, implicándose, queriéndonos…
Pero
claro, las personas que forman ese entorno también tienen un pasado, un
presente y desean un futuro. Tienen una experiencia vital e incluso en muchos
casos profesional y, se supone, adecuada para trabajar y ayudar a las personas
con discapacidad pero claro, no pueden quitarse de encima el hecho que son
personas con sus características y muchas veces vienen cargadas de moral,
ideologías, planteamientos o realidades, totalmente ajenos a las personas con
las que están. ¿Qué se hace entonces?
Es
muy complicado. Podemos organizar buenas jornadas sobre sexualidad, por ejemplo,
y traer a estupendos ponentes de gran nivel y oratoria, con experiencia y muchas
ideas para que mejoremos nuestras condiciones de vida en pareja, nuestras
sensaciones, nuestro disfrutar pero, ¿Quién acude a esas jornadas? Nosotros,
no nuestro entorno, o por lo menos, no todo nuestro entorno. Solo las personas
que nos tienen en consideración y alientan todos nuestros deseos y todo aquello
que forma parte del ser humano y que incluyen la sexualidad con la importancia
que ella tiene, van a implicarse y ayudarnos en las relaciones de pareja y con
ellas en las relaciones sexuales.
Hay
familiares que no entienden que, como si no tuvieras bastante con lo que te
pasa, encima quieres tener una sexualidad placentera y, si puede ser,
compartida. Hay médicos que te excluyen, unilateralmente, de la vida sexual
activa, por que deciden que a tu edad o en tus circunstancias no te merece la
pena. No se tiene en cuenta qué efectos pueden causar ciertos medicamentos, ni
te avisan ni te consultan, como si el ser feliz fuese secundario, superfluo.
Sé
que es el argumento de una película pero me ha pasado en mi desempeño
profesional. Te llaman para que formes a un chico de 21 años (para disimular
formas al centro entero, claro) que desea mantener relaciones sexuales y, como
el ligar lo lleva bien pero solo hasta que le ven la silla de ruedas, decide que
quiere una profesional con la que mantener esas relaciones sexuales pero claro,
¿Cómo va? ¿Quién lo lleva? Sus educadores se inhiben y consideran que debe
ser la familia la que se implique. “Si no puede ni ponerse solo el condón”
comentan como aparente argumento incontestable, como si ese fuese el gran
impedimento o como si, por ejemplo, la profesional no supiese ponerlos. Parece lógico
pensar en la familia pero, ¿ellos les decían a sus padres “oye que hoy me
apetece echar un polvo y voy a quedar con una chica, que lo sepas? Evidentemente
nuestro amigo no desea implicar a su familia en ese grado de intimidad que él
considera que son sus relaciones sexuales. Quiere una solución. No quiere a un
sexólogo pesado que habla de la piel y de “despenetralizar” las relaciones
sexuales y de no sé que de que el orgasmo está en el cerebro o algo así. Le
parece interesante pero por inquietud intelectual. El pesado sexólogo no le
soluciona nada, “¿y aquí cuando se folla?” Parece pensar. Y perdón por la
expresión pero su cara es lo que transmite.
Nuestro
amigo navega por Internet, nueva herramienta que parece especialmente diseñada
para discapacitados con inquietudes. Así navegas sin salir de casa, no te vaya
a pasar algo. Evidentemente, Internet es una herramienta fantástica pero tiene,
como muchas cosas, sus luces y sus sombras. Si eres joven y quieres aprender
cosas sobre las relaciones sexuales, Internet te ofrece el catálogo de
variedades sexuales más amplio que existe pero, “curiosamente”, el sexo con
discapacitados o entre discapacitados es de lo que menos hay.
Si
nuestro amigo introduce en el buscador de Internet GOOGLE “sexo con
discapacitados” en páginas en español, sólo aparecen 17.800 entradas,
siendo la mayoría sesudos estudios, trozos de artículos, publicaciones etc, es
decir,, no precisamente muy erótico
ni sexualmente explícito. Si introduce “sexo entre discapacitados” aparecen
las mismas 17.800 entradas, ¿curioso, verdad? ¿Es lo mismo el sexo con alguien
discapacitado que entre dos personas discapacitadas? Yo, experto en obviedades,
creo que no. Por cierto, si introduces “sexo” o “relaciones sexuales” el
ordenador amenaza con colapsarse ante los MILLONES de entradas y páginas, casi
todas “lúdicas”, relacionadas con otros tipos de relaciones sexuales de
todo carácter y condición.
El
chico al que yo trataba de formar solo veía montones de chicas y de chicos
guapos, dotados, activos, insaciables, mezclándose entre ellos, ellas o ellos y
ellas y luego con todos los juegos que se le puedan ocurrir e incluso más. Son
coitales, orgasmocentristas (mi amiga la sexóloga Salome Cía insiste mucho en
esto) y, si somos sinceros, muy alejados de su realidad. Pero él considera que
esa es su realidad, ya que es la que ve y la que le rodea, incluso su entorno
puede compartir esto y hacer la vista gorda si trata de masturbarse o
simplemente de navegar por estas páginas pero, ¿y si el también quiere? ¿Qué
tenemos? Nada, en la inmensa mayoría de los casos, ni siquiera en los centros
especializados hay protocolos de actuación. (Lo cual es un alivio, en parte, ¿Cómo
protocolizamos la sexualidad de las personas?).
Sí
hay meritorios centros educativos especiales que tienen programas diseñados y
desarrollados ciertos protocolos de actuación o algo parecido pero con
criterio, no con una moral que se trata de imponer por encima de la de la
persona. Es loable, sobre todo, el que se hayan dado cuenta que es necesario
trabajar desde pequeños este aspecto y educarlo y respetarlo pero, ¿Quién
trabaja con el resto de tu entorno? Nadie había trabajado con los educadores de
nuestro amigo, de los que cada uno tenía su opinión y su forma de actuar en
base a ella. Nadie había trabajado con su familia, sus amigos. No solo tiene
una dificultad física, parece que es de otro planeta y que tiene necesidades
que aquí, en este planeta, no existen.
Internet
le proporcionó otra herramienta a nuestro amigo: el chat. En el chat no hay
problemas, ni dificultades, ni discapacidades. Tu tienes el perfil que quieras,
la personalidad que quieras. Nuestro amigo es inteligente, lee, estudia y se
cultiva. Es un chico que se mantiene actualizado. Mide más de un metro ochenta
(“de pie”), es un buen mozo, atractivo y con una mente ágil y despejada.
Consigue, con su labia y algo de morro, muchas citas con chicas de su misma
ciudad. Chicas que en su mayoría son incapaces de evitar su cara de
desagradable sorpresa cuando ven que su cita por internet viene acompañado
“por una silla de ruedas, ¿te imaginas yo con un chico así? Además no
hablaba del todo bien y estaba un poco retorcido, uff. Le dije que me iba al baño
no volví”. Es muy duro el rechazo social, sobre todo cuando implicas
sentimientos, ¿quien te trabaja la autoestima?, ¿quien enseña a nuestro
entorno a trabajárnosla?
Nuestro
amigo insiste y sigue “chateando” y ligando por Internet. Cada vez se pasa más
tiempo en ese universo virtual que le permite construir un mundo en el que es
comprendido, querido, admirado, apoyado. Consigue encontrar chicas a las que
“no les importa” su silla de ruedas y parece que es un sacrificio casi evangélico
que aceptan. Pero a medida que pasa el tiempo y las dificultades en el devenir
normal de la relación se acumulan y
ese sacrificio parece insalvable y finaliza. “Uff, era muy duro, yo lo intenté
pero no pude”. ¿Qué es intentarlo? Estamos hablando de convivir, compartir,
sentir, disfrutar, no de sacar una carrera universitaria o presentarse a la
prueba atlética de San Silvestre a correr un poco. ¿Que necesitamos el
entorno? Que se nos eduque en que la discapacidad existe y que nos puede pasar a
todas las personas. Parece que hay que aislarla como un mal de algunos miembros
de nuestra sociedad, pobres. Tenemos que conocerla, entenderla y ser conscientes
de ella para interiorizarla y volverla una parte más de nosotros mismos, que
cualquiera, de todos y todas. Todo sería más razonable, natural y compartido.
Hay
otra variable también evidente.¿ qué pasa cuando tu edad no te permite estar
en un centro educativo, o acceder a conocimientos que te permitan mejorar tus
condiciones de vida, entre ellas la sexual? Pues que ni aquellos pocos que lo
trabajan se acercan a ti. Dependes de la opinión y la buena voluntad de tu
familia, amigos, pareja. Las instituciones no suelen trabajar este aspecto y
claro, ¿Quién trabaja, y perdonad que insista, tu autoestima? La autoestima es
imprescindible para sentirte bien y sentirte bien te va a llevar a querer
compartir y sentir. Sin eso es muy difícil y esto pasa con discapacidad y sin
ella. Tu imaginación tiene que hacer un enorme esfuerzo para idear nuevas
formas de amar, pero si tienes con quien suelen ser maravillosas. ¿Y si no
tienes? Encontrar a alguien que quiera tocarte, acariciarte, escucharte o
hacerte estremecer de placer no es fácil cuando lo que te pasa es desconocido,
ignorado o evitado. Cuando la discapacidad es conocida se integra y una vez
integrada pasa de ser una desgracia a una singularidad, una peculiaridad de
algunas personas, como otras tienen sus propias peculiaridades ya sean eróticas
o de otro tipo, aunque estas últimas son menos divertidas pero también muy
importantes.
Pero
sigamos hablando del entorno. El nuestro puede ser mejor o peor y llevar mejor o
peor “lo nuestro” pero, ¿qué pasa cuando damos con una pareja y la relación
va bien y, como decíamos al principio, nos vemos implicados en su entorno? Aquí
las opciones son dos: que nuestra pareja tenga discapacidad o no. Luego,
evidentemente, hay muchas variables: que sea atractiva, simpática, que tenga
buenos modales, dinero, trabajo, poco o mucho olor corporal, sentido del
humor...
Aquí
lo importante son las opciones: Si nuestra pareja tiene discapacidad, sea como
la nuestra o no, el entorno de ambos suele llevarse las manos a la cabeza (quien
no haya tenido estos problemas en esta situación que invite a cenar a su
entorno que lo merece) Como si no
tuvieses bastante con “lo tuyo” ahora encima implícate con otra persona que
también tiene dificultades, ¿en qué estabas pensando? ¿quién os va a
cuidar? ¿de qué vais a vivir? Y en el hipotético caso de que pudierais tener
hijos, ¿quién los va a cuidar? Y así etc y etc y etc. A veces es difícil
para el entorno entender que por encima de discapacitados o no todos somos
personas, seres humanos.
Este
obvio comentario debería servir para que se tuviese claro que cuando hemos
tomado este tipo de decisiones ya se tienen las cosas pensadas, ya nos lo hemos
planteado y, si hemos decidido seguir adelante, pueda parecer una locura o no,
se ha hemos hecho como adultos. Usar muletas, silla de ruedas o tener cualquier
problema físico similar no nos vuelve niños, se siguen teniendo 30, 40, 50,
60, 70 años o más y la cabeza perfectamente amueblada en la mayoría de los
casos.
¿Que
deberíamos hacer lo que ahora estamos en el entorno? No crear problemas, no
poner más dificultades de las ya existentes y ayudar, apoyar, proponer,
solucionar, colaborar y dejarnos de tonterías. Es muy fácil “pontificar”
cuando es una vida ajena, por mucho que la queramos, en la que estamos
interviniendo y que pueda existir cierta dependencia no nos otorga ningún poder
ni ser más listos, sólo nos da otra perspectiva que tiene que ser útil,,
sincera, sí, pero no obstaculizadora sino constructiva.
La
otra opción, también “terrible” para algunos entornos, es cuando tu pareja
no tiene ninguna discapacidad. Entonces lo primero es dudar de la estabilidad
emocional de tu pareja y lo segundo, de sus intenciones. “¿Que buscará? ¿Pero
no se da cuenta de como estás? ¿Será
por vicio o por una promesa”. Seguro
que conocen todas estas cosas y más. Aunque parezca mentira no siempre es el físico
lo que valora a la hora de acercarte a una persona y todavía queda gente que
valora una conversación amena, el sentido del humor, la inteligencia, la
personalidad, el cariño... Si eres una persona millonaria pues igual debes
desconfiar un poquito, pero eso te pasa con discapacidad o sin ella pero, como
lo habitual no es ligar ni estar rodeados de personas adineradas pues son
preocupaciones de las que podemos prescindir.
Es
normal que el entorno se preocupe y está claro que muchas de estas
“prevenciones” son fruto del amor pero los que, de momento (nunca se puede
asegurar del todo), sólo somos entorno debemos confiar en los adultos (si,
adultos) que tenemos delante y creer que saben lo que hacen, aunque no lo
parezca. Y estar ahí si las cosas no salen bien y estar ahí si las cosas salen
bien. Como siempre, como hasta ahora. Debemos tender una mano de apoyo pero no
para caminar, si no para vivir. No trataremos de imponer criterios, morales o
prevenciones exageradas. Molestémonos en conocer, convivir, aprender,
profundizar en todos los aspectos de esa persona a la que queremos o cuidamos (o
todo a la vez), con la que trabajamos, salimos, crecimos. Solo se quiere ser
feliz y que eso no dependa de como está de bien o mal organizada tu estructura
ósea o tu médula o lo que sea. Que puedas aceptar lo que la vida te ofrece y
disfrutarlo, como todos, como todas y sin tener que renunciar a nada, cuando nos
lo merecemos, seguro que nos lo merecemos.
Iván
Rotella Arregui, Sexólogo
Asociación
Asturiana para la Educación Sexual
Asociación
Estatal de Profesionales de la Sexología
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