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Pornografía y Medios de Comunicación: la Educación Sexual del Siglo XXI*

*publicado en el Boletín de Información Sexológica nº 46 (oct-dic 2005) de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología

 “El Fenómeno Sexual Humano de la Pornografía tiene que ser observado y examinado dentro del marco de la civilización a la que pertenece, sin descuidar ninguno de los aspectos culturales que inciden sobre el: antropológicos, religiosos, sociológicos, políticos, filosóficos, psicológicos y sexológicos” Dr. Frederik Koning (“Historia de La Pornografía”, Editorial Bruguera, Barcelona, 1978).

 La plasmación gráfica de prácticas eróticas es una de las expresiones más antiguas del ser humano, sin embargo, la pornografía siempre ha permanecido en una especie de penumbra más morbosa que académica que nos lleva tenerla con una consideración menor con respecto a su importancia, su influencia o su papel. Craso error. Solo por el hecho de existir desde hace muchos siglos y en todo tipo de civilizaciones ya deberíamos tenerla en consideración.

 Esa consideración debería aumentar cuando descubrimos que cualquier estudio más o menos serio sobre la juventud refleja que la principal fuente de información sobre sexualidad proviene de los iguales, seguida de cerca de los medios de comunicación. A continuación y con cierta distancia las personas que nos dedicamos a la Educación Sexual, y ya a mucha distancia estaría el profesorado y, al final de este “pozo educativo”, estaría la familia.

 Pero si profundizamos un poco, en seguida nos planteamos, ¿de donde sacan su información sus iguales? Evidentemente de la misma escala anterior. Conclusión. Ahora mismo los medios de comunicación, en gran medida, son la principal fuente de información de nuestra juventud.

 Un apresurado y somero repaso a diferentes medios de comunicación lleva a conclusiones poco tranquilizadoras. El mensaje de las películas para adolescentes, de la inmensa mayoría de las revistas juveniles (el Nuevo Vale supone una honrosa excepción), de las series que usan a menores dentro de sus argumentos (Los Serrano, Aquí no hay quien viva, etc) puede clasificarse con tres simples conceptos “son heterosexistas, coitocentristas y orgasmocentristas” (Cía, S. y Rotella, I, 1999). Es difícil encontrar nada que sugiera encuentro entre los sexos, nada que sirva para “Aprender a entendernos”, es decir, en palabras de la sexóloga Ana Fernández Alonso, “que ayude a las y los jóvenes a entenderse a si mismos / as, por un lado, y a entenderse entre ellas y ellos por otro. A entender cómo se van haciendo hombres y mujeres, como se sienten y viven su cuerpo sexuado en masculino o femenino, y como se expresan como hombres y como mujeres, con sus matices (homosexual o heterosexual) y sus peculiaridades (diversas formas de expresión erótica), que es en definitiva lo que determina el Hecho Sexual Humano” y viene a ser uno de los objetivos claros de la Educación Sexual.

 Teniendo tan poco edificante panorama delante y semanalmente, ¿Por qué centrarse en la pornografía? Es fácil. Durante siglos la pornografía ha sido de acceso de unos pocos, principalmente de las clases altas. En España, la afición y el fomento de sesiones de primigenio cine pornográfico es sobradamente conocida en los Borbones de principios de Siglo XX. Posteriormente, la República permitió un acceso casi mayoritario a fotos, dibujos e incluso, publicaciones con carácter explícitamente erótico (Basten como muestra Pasatiempos, Biofilia, La Belleza, Fru-Frú, Aventuras de Sacristía, La Novela Pícara, El Piropo, La Traca, Biblioteca Iris, Pentalfa, la Guindilla, La Hoja de Parra,  y un larguísimo etc). Esto fue una de las primeras libertades que desapareció con el siguiente impuesto régimen. Mientras la pornografía perteneciese a las clases altas no suponía ningún problema, pero la generalización del acceso a la misma, parecía suponer un peligro para esas clases poderosas. En Inglaterra, un ejemplo claro y anterior puede ser “Memorias de Fanny Hill” de John Cleland, libertino libro que apareció en Inglaterra sobre 1748 y fue muy bien aceptado por la aristocracia inglesa y finalmente prohibido cien años más tarde, cuando el libro se había vuelto de fácil acceso para cualquier persona.

 La utilización como argumento de la necesidad disponer de un criterio adecuado para tratar con estos temas es la base de los primeros intentos de controlar y legislar normas relacionadas con la Pornografía. Por supuesto, un criterio formado, con un sentido crítico adecuado y la suficiente preparación intelectual para no verse “contaminado” por la “subversiva” lubricidad de ciertos escritos, solo pertenecía a las clases cultas, formadas. En el pueblo llano, el efecto podría ser “devastador”. Este argumento se vino abajo en Estados Unidos, en 1933, gracias al “Ulises” de James Joyce, que no pudo ser juzgado como “obsceno” gracias a sus méritos literarios “y por que no podía ejercer una influencia nefasta en un hombre “razonable”. A partir de aquel momento, los jueces norteamericanos habrían de tener en cuenta, al valorar la “obscenidad” de una publicación, las intenciones del autor, los méritos literarios de la obra y su influencia en el hombre medio o razonable, y no su influencia en el mas debil de espiritu, el más vulnerable, el más susceptible de ser corrompido, […]”.(“Pensar la Pornografía” Ruwen Ogien, Paidós, Barcelona, 2005). Que difícil ser Juez en Estados Unidos…

 Posteriormente, diversas ofensivas en Estados Unidos por parte de movimientos conservadores, gobiernos conservadores (Johnson/Nixon/Reagan), políticos conservadores (Hudnut, Messe), no consiguieron demostrar ningún perjuicio claro y generalizable del consumo de pornografía por parte de cualquier persona. Ni la utilización de la platónica teoría de la imitación, ni de la aristotélica teoría de la catarsis y ni tan siquiera la equivocada ofensiva de un supuesto feminismo muy concreto (Dworkin y Mckinnon) pudieron eliminar la pornografía.

 En España el acceso a la pornografía fue durante décadas privilegio de unos pocos y su primera muestra del “interés social” de la misma, ya en la segunda mitad del siglo XX, la reflejan los famosos viajes a Biarritz o Perpignan a ver a Brigitte Bardot o el choque de los miles y miles de emigrantes que se dieron de bruces en Europa con unos conceptos eróticos desconocidos prácticamente en nuestro país. Los cambios políticos trajeron la “ola de erotismo que nos invade” y la aparición de sex shops, salas x, etc. Las posteriores revoluciones fueron simplemente tecnológicas (aparición del video, del DVD…), hasta llegar a la más importante de la última década: Internet.

 Internet es un impresionante avance tecnológico, y con una influencia social clara. Como cualquier otro recurso, Internet no es ni “buena” ni “mala” de por si, todo depende del uso que se haga de la misma. Y es ahí, precisamente, donde debemos entrar las personas que nos dedicamos a la Sexología. Las regulaciones, prohibiciones e incluso los diferentes filtros que se ponen a disposición de todas esas familias desbordadas como mucho estorban y no están solucionando la realidad (las prohibiciones rara vez lo hacen). Y la realidad es tozuda e Internet supone el acceso libre a una ingente cantidad de fotos y videos de contenido pornográfico  que esta sirviendo de Educación Sexual a muchos de nuestros chicos y a bastantes de nuestras chicas.

 ¿Qué debemos hacer? Lo primero  darnos cuenta de esta realidad. Pamela Anderson ha sido la referencia más buscada en los últimos diez años por los internautas, según un estudio del portal Lycos publicado este año. Una simple lluvia de ideas sobre vocabulario relacionado con la sexualidad, con chicos y chicas de 12 años, puede darnos una pista sobre cual es la, cada día, más frecuente influencia de la Pornografía. Todo tipo de artilugios, peculiaridades y prácticas eróticas acaban siendo comentario habitual del grupo, sobre todo a medida que nos van cogiendo confianza. El único problema es tener claro cual el papel que debe asumir la pornografía en la Educación Sexual y la respuesta es clara: ninguno.

 La pornografía no debe cumplir ningún papel en la Educación Sexual, ya que esta no se hace para educar, no es su papel, ni su misión y esperarlo o reclamarlo es absurdo. La pornografía es un negocio y este está dirigido a entretener, excitar, divertir, o cualquier otra sensación que provoque en los usuarios. Y digo usuarios ya que, según afirma la APA (Asociación de Psicólogos Americana), los hombres son en torno al 86% dentro del total de usuarios de pornografía de pago en Internet. En el caso español, la consultora Netvalue, con datos de Noviembre del 2000, afirma que el 82% de los navegantes por el porno en Internet son hombres. Como ellos son el negocio, para ellos se dirige el mercado. La pornografía es una fantasía que busca provocar excitación, generalmente, sólo para los chicos. La pornografía mayoritaria es heterosexista y falocentrica. Es una fantasía recreada por hombres y para hombres y solo tiende a reflejar el supuesto imaginario erótico del hombre medio heterosexual. No busca en ningún momento el encuentro entre los sexos (¿hay que pedírselo?), ni reflejar una imagen de la mujer distinta a la de un objeto diseñado para desear o ser deseada por el hombre y su capacidad coital.

 La penetración y la eyaculación son el centro de cualquier historia y un simple paseo por los stands del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona del pasado octubre ratifica esta idea y demuestra que se sustentará todavía durante mucho tiempo. Evidentemente hay experiencias de porno para chicas, de porno feminista, de directores que ruedan películas para mujeres, pero todo son experiencia minoritarias y de dudoso éxito comercial.

 Los y las profesionales de la Sexología debemos conocer estas claves y otras muy importantes. La pornografía, en su versión cinematográfica, ha sido la primera en usar todo tipo de avances tecnológicos para dar variedad a sus productos. Comenzando por profesionales con un “entrenamiento” y “coreografía” muy concreta, con un uso bastante habitual de la cirugía (sobre todo en el caso de la mujer) y unos efectos especiales que están a la orden del día pero si no lo sabemos y no lo explicamos, ¿Cómo lo van a saber los chicos y las chicas? Atrás quedaron falsas eyaculaciones (yogur, gel, huevo…), tomas de cámara en ángulos que aumentan los tamaños, cortes para permitir mantener unas duraciones casi imposibles, etc. Actualmente, y en plena era digital, son los ordenadores los encargados de darle al espectador lo que quiera y como quiera, sea real o no. El Photoshop puede hacer que tengas unos tamaños estupendos en cualquier foto, quitarte cualquier arruga, verruga, michelín, etc. Un minuto de penetración puede alargarse a hora y media y un corte o un cambio de postura para pasar a una penetración anal, si bien en el metraje no es siquiera apreciable en tiempo, en la realidad pueden pasar horas o días y que la actriz pueda dedicarse a usar dilatadores, lubricantes, y lo que necesite, ¿Pero que ven y como piensan que es el sexo anal nuestros chicos, sobre todo los jóvenes? Pues llegar y penetrar, simplemente, lo han visto en cientos de películas, fotos…

 Es evidente que nuestros chicos y chicas saben que los marcianos de la Guerra de las Galaxias de George Lucas o los Dinosaurios de Spielberg no son reales, forman parte de los efectos especiales y de la fantasía de una película pero, ¿Cómo esperar que sepan cuando algo en una película porno es real o no? ¿Quién les explica? ¿Quién les educa sobre este tema? Y cuando nos dedicamos a la Educación Sexual, ¿les contamos todo esto? ¿Quién les explica que la realidad erótica de la mujer no se suele tener en cuenta? ¿Cómo pueden saber las chicas que el papel que sus compañeros pueden llegar a creer que ellas deben tener no es un reflejo de la realidad?

 La pornografía puede ser un simple recurso erótico o entretenimiento, sobre todo si somos capaces de trabajarles desde la infancia un adecuado sentido crítico y una adecuada formación. Tenemos la generación más informada de la historia de este país, ¿por qué nos cuesta tanto bajar las cifras de embarazos no deseados, por poner un simple ejemplo? Una de las respuestas más claras está en la necesidad de una FORMACIÓN adecuada. El exceso de INFORMACIÓN no está llevando a los chicos y las chicas a manejarse mejor, a disfrutar más, a entenderse más fluidamente, a respetarse más. La necesidad de esa Educación Sexual, impartida desde la etapa infantil, permitiría adolescencias más tranquilas, con menos miedos e inseguridades. La ebullición hormonal continuaría pero con una formación adecuada y un cierto sentido crítico, el bombardeo mediático no tendría más efectos que el ampliar el imaginario erótico, en todo caso. La pornografía pasaría a ser lo que debería ser y para lo que se hace: ser un simple divertimento.

 Por otro lado, la influencia de la pornografía en la Educación Sexual comienza, poco a poco, a reflejarse en la terapia sexológica. Chicas autodiagnosticadas como anorgásmicas y con un alto nivel de angustia por no tener orgasmos vaginales e incluso anales sin mediación del clítoris; supuestos eyaculadores precoces cuyo principal problema es no ser capaces de “aguantar” durante más de 20 minutos seguidas, quedándose bastante cortos con respecto a lo “normal” que ven en las películas (pues entre una hora u hora y media, lo “normal”, ¿verdad?). Todas estas generaciones de chicos y chicas que ahora tienen entre 12 y 18 años, cuando vayan descubriendo, en la próxima década, que sus prácticas eróticas no van a salir como tantas veces han visto, se crearan problemas y dificultades que no existen. Evidentemente, desde la Terapia Sexológica parece que el futuro se nos ofrece prometedor, pero desde la Educación Sexual (recordemos que todo es un continuo) está claro que tenemos una enorme labor que realizar. Solo falta que la Administración  pública se de cuenta y de los pasos necesarios para garantizar una adecuada formación en Educación Sexual, impartida por profesionales de la Sexología y desde el momento evolutivo adecuado. Y dejemos que la pornografía sea esa opción elegida con criterio, solitario, compartido, divertido…

 Y todo esto, sin entrar en los nuevos conceptos de Erótica que nos puede suponer todo lo relativo a las ciberrelaciones, el chat…Pero esa ya es otra historia, muy próxima y real.

 “La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos".
Francisco de Goya y Lucientes (1746- 1828); pintor.

  

Iván Rotella Arregui, Sexólogo

 

Director  del Centro de Atención Sexológica de Avilés

Asociación Asturiana para la Educación Sexual

sexologia@astursex.info